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miércoles, 2 de junio de 2021

“El dios del manga” en la Cineteca Nacional

Osamu Tezuka, conocido como el “Dios del manga”, será homenajeado por la Cineteca Nacional de la Ciudad de México con diez proyecciones de películas y cortometrajes que adaptan sus obras más emblemáticas. En el ciclo "Retrospectiva Osamu Tezuka”, que se llevará a cabo del 2 al 13 de junio, se retratará la importancia que este autor tuvo en la conformación, revolución y concepción de lo que hoy en día es el manga y cómo éste, a su vez, modificó la forma de hacer anime.
 
 
El trabajo de Tezuka inspiró a otros autores de manga, así como a animadores y directores, como Hayao Miyazaki e Isao Takahata, fundadores de Studio Ghibli, o Stanley Kubrick, quien le ofreció al japonés ser el director artístico en 2001: una odisea en el espacio.

Al hablar de la evolución del manga y anime, los cambios que Tezuka hizo se observan en la percepción del uso de las viñetas, del desarrollo de tramas complejas, la transición dinámica entre escenas, la creación del "sistema de estrellas" (en que trata a sus personajes como “actores” que pueden interpretar diversos papeles en otras historias), e impregnaron de humanismo y emociones a sus protagonistas.
 
 
Dibujó alrededor de setecientos mangas, de los cuales tiene más cien adaptaciones animadas. Fue pionero de, si no es que todos, la mayoría de los géneros demográficos (como el shoujo, dedicado al público femenil; o seinen, enfocado al público adulto) y temáticos (ciencia ficción, romance, erótico, histórico, terror, etc.), y estableció arquetipos y diseños de personajes que actualmente continúan vigentes. Fue gracias a esta contribución que fue apodado como el “Dios del manga”. 

Tezuka fue también un pilar en los inicios del anime tal como la conocemos ahora, ya que creó su propio estudio de animación, Mushi Productions, con el que pudo experimentar diversas técnicas para realizar trabajos más dinámicos y estéticos. Entre las series se encuentran varias adaptaciones de sus mismas obras, como Astroboy, Dororo y La Nueva Isla del Tesoro, así como otras ajenas a sus creaciones en papel, como Ashita no Joe o The Belladonna of Sadness.
 
 
Astroboy, una de sus obras más emblemáticas, es considerada como el primer anime moderno y el primero en ser emitido de manera regular en Japón en 1963. Además, fue la que abrió el mercado de la animación nipona en Occidente. 
 
En 1965, otra de sus adaptaciones, Kimba, el león blanco, fue la primera serie animada realizada a color en Japón. Ambas series, en especial la del robot que lucha contra el mal, fue un éxito en Estados Unidos y, claro, en México. Seguro que muchos de sus padres llegaron a ver las aventuras de Astroboy y Kimba en los inicios de la televisión en nuestro país. El mío, sí.
 
Son justas estas dos series las que podremos ver en la Cineteca: Astroboy: Héroe del espacio (1964), Kimba, el león blanco (1966), además de otras joyas como la película del misterioso cirujano clandestino Black Jack (1996); la versión de Tezuka de la clásica Las mil y una noches (1969); la adaptación de la novela china de Viaje al Oeste, llamada La historia de Osamu Tezuka: Soy Son Goku (1989); otra cinta sobre el ciclo de la vida con Leo, el rey de la selva (1997); y Adachi ga hara (La película está viva), que es una compilación de trabajos del “Dios del manga”. 

 
 
Además, a este ciclo se añadieron tres programas de cortometrajes que incluyen, entre otros, a la Princesa Caballero, la cual sentó las bases de las actuales historias dedicadas al público femenino, y que fue emitido en México en 1975.

Como ven, muchos de los grandes mangas que dieron origen a una revolución dentro de esta industria se adaptaron al anime para dar estructura a nuevas técnicas y modelos que hoy en día siguen usándose. 
 
Las proyecciones del ciclo "Retrospectiva Osamu Tezuka” nos ayudarán a entender por qué este personaje es tan importante dentro y fuera de Japón, y cómo es que sus historias se han convertido en referentes de la modernidad de la expresión gráfica y visual que logran cautivar al público actual, a pesar del paso del tiempo.

@YukiVongola

miércoles, 15 de agosto de 2018

Células antropomorfas y doctores clandestinos dentro del manga/anime

El anime ha sido un medio audiovisual importante en cuanto a la enseñanza de valores y conocimientos. Algunos temas son tratados de manera que, para el espectador, resultan más sencillos de entender. Entre ellos, tenemos los históricos, los que nos narran profesiones y oficios, y otros que nos recuerdan lo aprendido en nuestra etapa escolar.


Hataraku Saibou pertenece al anime del tercer grupo mencionado, puesto que alude a lo que sabemos sobre Biología y Anatomía, pero, ¿por qué razón? La traducción literal del título es "Células en el trabajo". Los personajes tienen apariencia antropomorfa, representando cada uno los diversos tipos de células, las cuales se distinguen por sus herramientas de trabajo, vestimenta y, claro, por el nombre que tienen bordado en sus gorras o playeras.

La serie sigue, particularmente, a un Glóbulo Rojo femenino (una eritrocito, en concreto) quien siempre se pierde en la enorme ciudad que constituye el cuerpo humano, por lo que tarda mucho en dejar su caja de oxígeno al sistema correcto. Mientras camina, se observan a otros Glóbulos Rojos que cargan cestas de comida (nutrientes), a la vez que las Células platican afuera de sus casas y las Plaquetas se unen para sanar heridas. Más allá, un Glóbulo Blanco masculino (leucocito) asesina a las bacterias que se infiltran en cuerpo.

En cada capítulo, somos testigos de la increíble y agotadora tarea que sólo las células pueden hacer, manteniendo a raya a todo agente externo que se atreve a dañar el cuerpo. Se resalta el trabajo en equipo de los diversos tipos de estas pequeñas unidades de vida, así como el hecho de que las células están vivas y, que los personajes sean antropomorfos, nos da una dimensión más real de ese hecho.

Tras acabar los episodios, nos damos cuenta de lo frágiles que somos (en especial, el cuerpo en que viven estos personajes), y nos produce paranoia por no querer lastimarnos o enfermarnos, comprendiendo mejor lo que sufren nuestras células para curarnos, desde gripe, neumococo, alergias, heridas y células cancerosas, todo para que sobreviva el ser vivo en que ellas residen.


Si bien, el funcionamiento del organismo ayuda a repeler estas fuerzas, llega a ser necesario que la Medicina interceda por nuestro bien. El manga Black Jack, de Osamu Tezuka, nos narra la vida de este personaje homónimo, quien es llamativo por su piel de dos tonalidades, debido a que, cuando era niño, sufrió un accidente que lo dejó en grave estado y, tras muchas cirugías, se le injertó piel en las zonas donde carecía de ella. Fue tal la admiración que sintió por el médico cirujano que le regresó la vida, que el protagonista decidió ser igual a su héroe.

Sin embargo, conforme este chico va acercándose a ese sueño, se enfrenta a la corrupción y desigualdad que existe dentro de la institución médica japonesa (que puede observarse a nivel mundial, al brindar salud prioritaria sólo a los que tienen dinero o poder, etc.), por lo que decide dejar el hospital, aún siendo un estudiante prodigio, y comienza a ejercer ilegalmente la labor médica, dejando asombrados a todos con su destreza con el bisturí, y cobrando sumas exorbitantes de dinero a los pacientes desesperados por ayuda, aquellos que son pobres, que no tienen seguro, que tienen algo que esconder; sin embargo, pese a la actitud fría del ahora conocido como Black Jack, siempre pone todo de sí para salvar a sus pacientes, sin cobrarles nada al final, pero criticándolos duramente por aceptar la realidad social en que viven.

Osamu Tezuka logra realismo y una gran destreza cuando vemos a este doctor en el trabajo quirúrgico, puesto que él era estudiante de Medicina, hasta que la dejó tras ver la verdad tras el sistema médico.

El manga Young Black Jack, de Yoshiaki Tabata (historia) y Yu Go Okuma (dibujo), toma de base la historia de Tezuka para contarnos cómo el joven idealista estudiante de Medicina, Kuro Kazama, se convirtió años más tarde en el realista Black Jack. Al presenciar los movimientos sociales de la década de los sesenta en Japón, así como en otras partes del mundo, y la crudeza de la Guerra de Vietnam, su ideología cambia radicalmente al punto de regresar a su país y enfrentarse a sus propios colegas.

Una vez que nos adentramos en estas narraciones, es inevitable no pensar en todo lo que sucede en nuestro interior, todas las reacciones, todos los procesos, todos los pequeños seres vivos que velan por nosotros hasta que un médico debe ayudarles para que nosotros sigamos existiendo en este diminuto mundo liderado por aquellos organismos microscópicos dentro de cuerpos enormes.

@YukiVongola

jueves, 2 de junio de 2016

Osamu Tezuka y su mundo robótico

Con la tecnología tan avanzada en los últimos años no es de sorprendernos que se hayan construido robots cocineros, enfermeros o recepcionistas. El tema de la robótica avanzada en un mundo cada vez más deshumanizado es tratado en numerosos anime y manga.


El padre del manga, Osamu Tezuka, creó tres mangas que toman como eje central un mundo futurístico en que humanos y robots conviven, unos son crudos y reflejan una realidad triste respecto a cómo los hombres son relegados de sus trabajos y de una vida digna por parte de los robots, otros tratan una relación de codependencia y en que los robots no son tan malos para la sociedad humana.

Metropolis es un manga publicado en 1949 que tuvo adaptación a película animada en el 2001. La historia de la película (ya que se separa un tanto del manga, pero eso no quita que sea una pieza hermosa) transcurre en la ciudad de Metrópolis, la cual está muy avanzada tecnológicamente y los robots son quienes se ocupan principalmente de las actividades antes propias de los humanos. Sin embargo, se tiene reserva de éstos, pues hay un grupo, los Marduk, que se encarga de destruir a los robots malos; además que, para tener control sobre ellos, está prohibido que los robots tengan nombre, ya que eso les daría derechos humanos.

En este escenario, llegan dos japoneses a Metrópolis, el detective Shunsaku y su sobrino Kenichi, quienes investigan el paradero del Dr. Laughton, un científico buscado internacionalmente por comercio de órganos humanos. Y, curiosamente, el Duque Red, el ciudadano más influyente de Metrópolis, le encarga al Dr. Laughton que reconstruya a su hija fallecida, Tima, como robot, y no sólo eso, sino que busca que Tima gobierne tanto a humanos como a robots.

La siguiente obra de Tezuka, y quizá la más representativa y conocida por estos lares, es Astroboy, debido a su transmisión en México durante los años setenta; su manga se publicó en 1952, y su adaptación a anime salió en 1963, siendo la primera serie animada de manera regular y la primera en blanco y negro. 

De corte un poco menos trágico que Metropolis, pero sin dejar de lado las preocupaciones por el avance tecnológico y la interacción humano-robot, Astroboy cuenta cómo, tras un accidente, el hijo del reconocido Dr. Tenma, fallece; al ver que tiene la posibilidad de revivirlo, y con la presión que tiene por parte de militares para crear un arma, el Dr. Tenma decide reconstruir a su hijo como un robot con armamentos y poderes, manteniendo sus sentimientos y emociones humanas, dando como resultado a Astroboy.
Astroboy se vuelve un héroe en la ciudad, protegiéndola tanto de humanos como de robots que quieren hacer sus fechorías, aprovechando el hecho de que, en este universo, los robots tienen libre albedrío. 

La última obra de la que hablaré es Pluto. El mangaka (autor de manga) Naoki Urasawa conocido por una de las mejores obras de género detectivesco y triller llamada Monster, retomó el universo creado por Osamu Tezuka en Astroboy para crear una nueva historia.


En el 2003, con el permiso y supervisión del hijo de éste, Urasawa empezó a trabajar en este manga, ubicado en el arco argumental de Astroboy: “El robot más poderoso del mundo”, en que Astroboy se enfrenta al robot Pluto, que ha sido creado para destruir a los siete robots más fuertes del mundo, entre los que se encuentra el niño robot.


En el manga de Urasawa, han tenido lugar varios asesinatos de robots importantes para el mundo. El robot detective Gesicht se queda a cargo del caso, añadiéndose después otros asesinatos de robots y humanos. La investigación lleva a Gesicht a deducir que el responsable es un robot, que da el nombre al manga, y que su objetivo es destruir a determinado número de robots, incluido Astroboy.

Resuelto a detener al culpable, el detective se embarcará en un largo viaje en que conocerá a otros robots y científicos que tienen mucho que ver con el caso,  y a descubrir un pasado común en ellos que, de cierta forma, ha marcado sus vidas.

Los robots en Pluto, a diferencia de Astroboy o Metropolis, tienen derechos iguales a los de los humanos, incluso muchos de ellos tienen rasgos humanos y tienen familias, notando cómo las máquinas se han humanizado y cómo su forma de vida es, por tanto, un reflejo del hombre al ser éstas una creación a semejanza de la humanidad misma que conlleva a ciertas consecuencias.

Estas obras nos hacen reflexionar desde tres diferentes puntos de vista sobre el avance tecnológico y científico de la inteligencia artificial representada en los robots, y el papel del humano que se va diluyendo cada vez más en su propio mundo. Un día puede que veamos realizadas estas proyecciones, por ahora sólo es ciencia ficción pero, como toda buena ciencia ficción, hay posibilidades de que ocurra, y si así fuera, ¿dónde quedaría el hombre? 

(Esta imagen pertenece a una exposición de Katsuhiro Otomo, Genga.)