Mostrando las entradas con la etiqueta Día de Muertos. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Día de Muertos. Mostrar todas las entradas

sábado, 31 de octubre de 2020

Máscaras mexicanas y japonesas, conductos con el culto a los muertos

Este Día de Muertos será distinto a los que se han vivido en estas tierras. Si bien, todos los años fallece un ser querido o tenemos un conocido que perdió a alguien, este año el Covid-19 se ha llevado prematuramente a decenas de miles de mexicanos. El cambio en las medidas sanitarias convirtieron a los cubrebocas en herramientas para protegernos del coronavirus, y se establecieron como un accesorio de moda personalizado. En el contexto de las fiestas hacia los muertos, no faltan los diseños bordados y estampados con calaveras, catrinas e, inclusive, monstruos, que ocultan nuestros rostros y nos dan cierto anonimato cuando sin querer estornudamos en público.

Este aspecto de esconder por algún motivo nuestra faz, tiene que ver con las cualidades de las máscaras. De hecho, los cubrebocas pertenecen a una variedad de éstas.

Las mexicanas son de origen prehispánico, y fueron modificadas durante el Virreinato para facilitar la conversión de los indígenas al cristianismo, como aquellas presentes en las pastorelas. Las encontramos a lo largo del país bajo distintos aspectos y en diversas comunidades y festividades, en las que se incluyen las del culto a los muertos. Por tanto, estos artífices son parte del legado cultural e histórico de nuestro pueblo.

Celebrado entre el 28 de octubre (aunque puede variar al 30 ó 31 dependiendo de las comunidades) al 3 de noviembre, en la región de la Huasteca, el festival de Xantolo es conocido por sus máscaras hechas artesanalmente de permuche, cedro, y piel de vaca, mapache, ardilla o tejón. 

Durante esos festejos, los pobladores salen con sus máscaras mientras danzan los sones huastecos. No se las quitan para nada, ya que, con los tintes carnavalescos de esta celebración, se adopta la identidad del "otro". 

Las más recurrentes son: el Diablo, que representa la maldad; el vaquero, que simboliza la ganadería; el payaso, que significa la alegría en la vida; el buey o el jaguar, que es la naturaleza; y la "Bocona", de amplia sonrisa; el "Viejo", que nos une con nuestros ancestros; y, claro, la Muerte, que a todos nos convierte en iguales bajo su cobijo.

Las máscaras representan la comunión entre los seres humanos y la naturaleza, así como entre el hombre y las fuerzas sobrenaturales que se pueden denominar como "dioses". Son, además, el vínculo con nuestros antecesores y descendientes, una idea muy arraigada en las culturas prehispánicas y en las comunidades indígenas que hemos heredado a través de las generaciones. Y, claro, también tienen que ver con una sátira hacia la desigualdad social que se vivía en tiempos prehispánicos, virreinales y actuales, y cómo es la Muerte la que termina con ese problema.

Esto forma parte de la cosmovisión de nuestro pueblo: la importancia de la muerte, vista a través del júbilo y humor negro que nos caracteriza como mexicanos. Esta tradición durante el Día de Muertos abren nuestra mente hacia otros pensamientos y épocas, donde el respeto y el recuerdo hacia nuestros difuntos es interminable mientras haya vida.

En Japón, el uso de máscaras también es de antaño. Hace siglos, los japoneses enterraban a sus difuntos con ellas, para que los espíritus malignos se distrajeran con esa "otra cara" y dejaran su alma en paz. También son usadas durante los festivales dedicados a los muertos, como el Obon, o en otras celebraciones sintoístas, 

El sintoísmo, más que religión, es una filosofía que une al ser humano con lo que lo rodea, tal como sucede con los preceptos del Xantolo, salvo con una diferencia: los yokai y espíritus pertenecientes al folklore japonés.

Entre los kitsune (zorros), tanuki, (mapaches), kappa (una especie de ranas humanoides), oni (demonios), tengu (pájaros antropomorfos), entre otros, se eleva el aspecto místico de estas festividades, en las que la veneración y ofrendas con alimentos, bebidas, cantos y bailes a estos seres sobrenaturales relacionados con la naturaleza y el diario vivir del humano, otorgan protección en la vida y en la muerte a quienes los realizan.

En el sintoísmo existe la creencia de que los muertos se convierten en kami (dioses menores o espíritus) y estos, a su vez, protegen a sus familiares aún vivos. Por ello, el ponerse o colocar máscaras en las casas representan a las criaturas que enlazan al mundo terrenal con el más allá. Incluso, se tiene la idea de que estos seres a veces usan las máscaras para camuflarse entre los humanos durante estos festivales dedicados a ellos.

La simbología de las máscaras en el ámbito mortuorio refleja al "otro" al cual se está dando una ofrenda en agradecimiento y la unión que todos tenemos en el ciclo de nuestra existencia.

En una época en que las máscaras, bajo forma de cubrebocas, se han convertido en habituales para nosotros, debería realzar la importancia de su uso para nosotros, para el otro, y para su connotación con la muerte y con un mundo más allá del que concebimos cuando damos nuestro último aliento en la tierra. Al final, la idea de repeler el mal y proteger aquello que en la vida y en la muerte valoramos es lo que se representa con estos objetos.

@YukiVongola

jueves, 24 de octubre de 2019

Entre alebrijes y yokai

Se acerca el Día de Muertos, el Halloween y otras festividades alrededor del mundo que tienen a los difuntos y seres misteriosos como centro de atención. Es un culto natural, ya que las criaturas sobrenaturales existen en el imaginario de cada cultura, alimentando sus creencias religiosas, literatura y rituales.


La Ciudad de México inició ya con los festejos con el reciente desfile de alebrijes, entes del folklore mexicano.

Pedro Linares fue un experto en arte de cartón. A sus treinta años, tras un sueño onírico causado por el malestar de una enfermedad, concibió una de las creaciones quiméricas más festivos y coloridas del mundo, que resultan en seres zoomorfos y mixtos y en entes completamente sacados de las mentes más creativas. Con la cartonería, decidió hacer realidad aquello que vio en su extraño sueño. La popularidad de sus figuras lograron que su nombre fuera reconocido como uno de los mayores exponentes de arte mexicano, hasta que falleció en 1992.

Sigue siendo incierto el origen de "alebrije", palabra que el mismo Linares oyó de aquellas criaturas que vio en sus sueños en un bosque.

Una de las suposiciones es que proviene de la acronimia de "alegría", "bruja" y "embije", por lo que el significado puede ser "brujas teñidas con alegría", considerando que en México cuestiones como la muerte y el miedo son vistos bajo una perspectiva satírica y jocosa. 

Primigenias de la Ciudad de México y originalmente hechas con cartón y papel maché, su fama llegó a Oaxaca, donde se adoptó la madera de copal como materia prima para la elaboración de sus propios diseños.

El creador de esta variante fue el oaxaqueño Manuel Jiménez, cuyos alebrijes estaban influenciados en los de Linares, aunque introdujo su propia originalidad al agregar la figura de los nahuales zapotecos como su base creativa.

El surrealismo y elementos mexicanos prehispánicos y mestizos les dan su toque original y llamativo que tanto nos gusta ver en los desfiles y a los turistas comprar. El ser una artesanía le da mucho valor, pero su estética y composición imaginativa la convierten en una de las expresiones artísticas más mexicanas que existan.
  
Este tipo de arte que se volvió parte del imaginario colectivo se puede observar también, aunque de otra manera, en Japón con su filosofía sintoísta.

Ésta consiste en la veneración y culto de seres espirituales y seres de la naturaleza, dioses, ancestros, hombres ilustres e, inclusive, fantasmas y monstruos, ya que se cree que estas entidades tienen alma y están ligadas a las del resto de los entes vivientes.

El sintoísmo, junto con el budismo, han moldeado un estilo de vida y ciertos valores en los japoneses, que son retratados en varios anime y manga, desde códigos de comportamiento hasta ritos en santuarios.

Por este aspecto en la cultura japonesa, los yokai (monstruos) y yurei (fantasmas) del folklore japonés, inspirados en gran medida al sintoísmo, son tratados no sólo como mitos, sino que se les tiene respeto y miedo por la fuerte creencia de su existencia y relación con los humanos.

No por nada construyeron el santuario Kappa-dera al lado de la calle de los Kappa, en Asakusa, dedicado a estos seres con apariencia de tortuga antropomorfa que tanto pueden ayudar a los viajeros perdidos como comerse niños.    

El abanico de criaturas místicas es un factor importante del por qué dentro de la cultura pop japonesa encontramos una gran variedad de historias de terror y una serie de festivales y santuarios edificados cuyas funciones es dar las gracias a estos seres, o mantenerlos calmados.

En México, la Muerte y seres como los alebrijes (que pueden dar miedo hasta causar ternura) son vistos con humor, como parte de nuestra misma idiosincracia. Es por esto que nuestro Día de Muertos y todos los elementos que hay detrás de él es tan llamativo.

Aunque haya cierta diferencia en cómo se veneran o se tratan, México y Japón se nutren cultural, histórica y literariamente de seres que, directa o indirectamente, han coloreado el pensamiento de sus habitantes y los acerca a sus raíces.

@YukiVongola

jueves, 1 de noviembre de 2018

Día de Muertos, espíritus y Shaman King

El Día de Muertos es una fiesta de origen prehispánica, atribuida a la cultura mexica. Tras la llegada de los españoles, estos mezclaron elementos de su propia cultura y religión católica al culto mexica, algunos aspectos de este rito resultaban extraños para los europeos. Conservando la esencia de su origen, esta festividad es la más colorida que tenemos en México, ya que nos acerca a nuestros muertos y a nuestras raíces, incluyendo el contacto entre aquellas culturas que nos formaron en lo que actualmente somos.


Dentro del manga Shaman King, de Hiroyuki Takei, existe una mención sobre nuestra festividad, la cual se me hace muy exacta cómo se le pinta y el humor de los mexicanos respecto a la muerte.

En principio, esta obra se centra en chamanes, descritos en el manga como aquellas personas que sirven de "vínculo entre este mundo y el otro. Son personas muy importantes que pueden establecer una comunidad con las deidades y los espíritus de la tierra, de quienes utilizan sus poderes en su representación". A lo largo de la historia, observamos los lazos entre personajes con estas características de diversas edades y nacionalidades con los espíritus con los que han firmado un pacto y a los que llaman "familiares", un término usado dentro del chamanismo, el budismo y artes ocultas para denominar a aquellos entes que sirven a un "amo" y pasan su conocimiento a futuras generaciones de éste. 

Un arco argumental dentro de la trama se enfoca en el Torneo de "Shamanes", que sólo ocurre cada quinientos años, y en los combates intensos ocurridos entre varios grupos de chamanes con habilidades y espíritus variados, cada uno buscando ser el equipo ganador que logre fusionarse con los Grandes Espíritus que representan a la Naturaleza y que controlan el curso del mundo. Y es el protagonista, Yoh Asakura, quien aspira a ser el Shaman King.

En la primer batalla del torneo, el equipo integrado por los personajes Ren, Horo Horo y Chocolove se enfrenta ante el de la Tierra, el cual trabaja para el antagonista de la obra. El equipo de la Tierra se conforma de un chamán mexicano llamado Peyote Díaz y dos monjes rockeros budistas japoneses. Peyote tiene como espíritus acompañantes a una banda de mariachis, quienes murieron en una pelea dentro de un bar. Él usa como herramientas conductoras para sus espíritus a varios muñecos de calaveras, los cuales son poseídos por los mariachis para tener una forma física y poder atacar a sus enemigos.

Durante esta pelea, uno de los personajes, Anna, al ver los muñecos de calavera, menciona que "en México las calaveras son un símbolo de la muerte. En México celebran a los muertos... una vez al año, los muertos retornan a este mundo para venir a brindar y comer. Para los mexicanos, la muerte es algo familiar y alegre. Por eso, en ese día adornan con calaveras y muchas cosas más." Para nosotros, las calaveras simbolizan a cada uno de los muertos que la familia tiene.


Después, Anna añade que el Día de Muertos tiene gran parecido con el Festival Obon japonés. Éste se celebra en agosto y dura tres días, por lo general, entre el quince y diecisiete, en algunas regiones niponas han variado las fechas dentro del mismo mes. 

El también llamado Festival de los Muertos da inicio con el tradicional baile Bon Odori ("baile Odori" o "baile de los muertos") al son de un tambor gigante (taiko) que es como se les da la bienvenida a los difuntos, realizado en parques o lugares donde hay templos budistas, alrededor de los cuales la gente forma una rueda y danzan rodeando una torre de la cual se desprenden hilos que sujetan farolillos de papel.

A sus difuntos, dentro de sus casas ponen ofrendas delante de pequeños altares budistas. La ofrenda consiste en onigiri (bolas de arroz), pepinos, berenjena, sake, dulces, velas, incienso y fotografías de los difuntos. Los elementos de sus ofrendas son similares a los que se ponen en México, ya que la comida es lo que ellos reciben de sus vivos, las velas son la guía a sus casas (así como los farolillos de los templos budistas), y las fotografías evocan al difunto.

Curiosamente, el pepino y la berenjena simbolizan, respectivamente, un caballo y una vaca. Los japoneses creen que sus muertos llegan en caballo a sus viejos hogares, porque saben que deben apresurarse a comer su ofrenda y a visitar a sus seres queridos, ya que su tiempo es limitado; después, su regreso al otro mundo lo hacen montados en una vaca, a paso lento, ya que es una pena para el difunto el despedirse de nuevo. Por eso, a estos se les ponen cuatro palillos simulando las patas de estos animales. El último día del festival Obon, por la noche, se quitan los farolillos, y se tiene por tradición el dejarlos flotar sobre algún río o mar, simbolizando el regreso al mundo de los muertos.

El Obon tiene su origen en una leyenda budista. Ésta se centra en un discípulo de Buda llamado Maha Maudgalyayana, o Mokuren, quien empleó sus poderes sobrenaturales para contactar con el espíritu de su madre fallecida. Al hacerlo, descubrió que ésta se encontraba en el reino de los fantasmas, donde sufría interminablemente. Alarmado por esto, se dirigió a Buda, preguntándole cómo podía liberar a su madre de ese sufrimiento. Buda le dijo que debía hacer ofrendas el día quince del mes séptimo. Mokuren así lo hizo, y pudo verla, y no sólo eso, sino que vio también la verdadera naturaleza de su pasado desinteresado y los muchos sacrificios que su madre hiciera por él. Alegre por su liberación y agradecido por su bondad, ambos bailaron contentos.

Es bello cómo dos culturas tan alejadas tienen un festival hacia la Muerte, en que la remembranza hacia nuestros difuntos y la guía espiritual que se les da para que lleguen a sus casas producen que las noches no sean tan solitarias para aquellos quienes han perdido a un ser amado. Al final, la Muerte nos une y nos sensibiliza, y recordarla y celebrarla nos hace sentir más vivos y más conscientes del camino de la vida.

@YukiVongola